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La Curenya | Una escapada por los amantes de la cocina volcánica

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En esta comarca se pueden observar dos tipos de paisaje totalmente diferentes. Por buena parte de la mitad sur se extienden más de 40 volcanes y diversas coladas de lava, formando un paisaje suave y sin apenas desniveles, protegido por el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, mientras que desde el valle del río Fluvià hacia el norte, el paisaje cambia radicalmente, volviéndose abrupto y escarpado con abundantes riscos y congostos.  Es la Alta Garrotxa, área declarada Espacio de Interés Nacional.

 

Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa

El Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa está formado por once municipios. Su orografía, el suelo y su clima le proporcionan una variada vegetación, a menudo exuberante, con encinares, robledos y hayedos de excepcional valor paisajístico.

 

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El Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa dispone de 28 itinerarios pedestres que transcurren por los parajes más interesantes del Parque Natural. La mayoría de ellos están señalizados, excepto algunos de los más largos que, si se está acostumbrado, pueden seguirse fácilmente con la ayuda del plano-guía del Parque Natural. Los itinerarios del Parque Natural conectan frecuentemente con los de la red de senderos Itinerànnia. Por tanto, desde los itinerarios del Parque Natural se puede acceder a pie a cualquier punto de la Garrotxa, el Ripollès o el Alt Empordà.

 

Alta Garrotxa
La Alta Garrotxa es un territorio situado entre las comarcas del Ripollès, la Garrotxa y el Alt Empordà. En el caso de la Garrotxa, engloba de forma total o parcial cinco municipios. Su orografía extremadamente abrupta ha condicionado el paisaje, la vegetación, la fauna y los asentamientos humanos a lo largo de su historia y ha permitido el mantenimiento de un espacio natural relativamente aislado que conserva una importante riqueza biológica, hasta el punto de haber sido declarado Espacio de Interés Natural y designado como Zona de Especial Protección para las Aves dentro de la Red Natura 2000.

 

©Turisme Garrotxa

©Turisme Garrotxa

 

El relieve de la Alta Garrotxa, marcado por valles profundos rodeados de riscos y paredes de roca, es el que da nombre al espacio: las garrotxes son las tierras “ásperas y de mal caminar”. El paisaje de la Alta Garrotxa es verdaderamente espectacular, no tan sólo por la magnificencia del relieve, sino también por su cubierta forestal, dominada por los encinares y los robledos. Este extenso territorio cuenta, además, con una importante riqueza en cuanto a patrimonio cultural: yacimientos, masías, aldeas, ermitas, plazas carboneras…

 

El Consorci de l’Alta Garrotxa dispone de 6 itinerarios pedestres, los cuales transcurren por los rincones más interesantes de este espacio. Todos ellos están señalizados, y se pueden seguir fácilmente con la ayuda de los folletos informativos.

 

Olot, la ciudad de los volcanes

Olot, “la ciudad de los volcanes”, es un enclave especialmente conocido por su interés natural y por formar parte del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. En su término municipal se hallan cuatro volcanes: el Montsacopa, el Montolivet -estos dos, visitables-, la Garrinada y el Bisaroques. Los alrededores de Olot también guardan un rico patrimonio natural con los humedales de la Moixina y el volcán Croscat. Igualmente es remarcable el singular jardín botánico del Parc Nou.

 

Olot

 

La ciudad de Olot tiene un interesante patrimonio cultural. Arquitectónicamente destacan diversos monumentos de estilo modernista (casa Galleta-Vila, casa Solà-Morales, casa Masramon…), así como los claustros del Carme, renacentistas. En cuanto a pintura y escultura, hay que remarcar la importancia de la Escuela de Olot, que tiene una buena representación de obras en el Museo Comarcal de la Garrotxa. Pintura, escultura y cerámica son elementos clave del ambiente artístico olotense, sin olvidar la gran tradición pesebrística y los talleres de santos, de renombre mundial.

 

La Cocina Volcánica
Cocina volcánica, cocina de la tierra de los volcanes, esa tierra fértil y llena de vida donde arraiga el maíz, las alubias, el alforfón, la patata, el nabo, la cebolla, la trufa, el escarlot y la castaña que acompañan el cerdo, los caracoles y el jabalí.

 

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Una cocina próxima y contundente, nacida y cocinada aquí, para chuparse los dedos, con platos estrella como las patatas de Olot o las alubias de Santa Pau. Una cocina de comarca basada en un recetario tradicional, creativo y atrevido, que hace crecer las inquietudes y las curiosidades culinarias propias de la zona.

 

Justo debajo del castillo de Hostoles está situado el restaurante La Curenya. Actualmente dirige el restaurante la tercera generación de una empresa familiar que, en sus orígenes, hace treinta años, lo iniciaron con mucha ilusión, ganas ímpetu y esfuerzo. Tras completar sus estudios de cocina y servicio en la Escuela de Hostelería y Turismo Sant Narcís de Girona, las nietas tomaron las riendas del restaurante.

 

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En La Curenya ofrecen una cocina casera y de la tierra, siempre de calidad, con recetas que han pasado de padres a hijos, pero con su sello propio. Entre sus diferentes propuestas encontramos un menú de temporada y propuestas especiales para calçotades, menú de Semana Santa, Sant Esteve…

 

En la carta encontramos un apartado llamado ‘Los platos de siempre’ donde podemos disfrutar de platos típicos en sus acogedores comedores, con unos grandes ventanales que permiten contemplar el magnífico paisaje que rodea La Curenya.

 

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La Curenya

Ctra. Santa Coloma s/n, km 57. 17172 – Les Planes d’Hostoles (Olot).

972 117 772

.lacurenya.cat

 

 

Pueblos medievales

Desde la época medieval hasta la contemporánea, pasando por el legado judío, el renacimiento y el modernismo, los pueblos de la Garrotxa tienen una historia que hay que conocer, un pasado que ha dejado unos testimonios de primer orden. Besalú y Santa Pau son, seguramente, los pueblos más singulares, pero hay muchos otros con un montón de historia por descubrir.

 

Empezamos la ruta medieval en Sant Joan les Fonts. Uno de los primeros puntos que os proponemos visitar es la iglesia del antiguo monasterio benedictino. El templo, declarado monumento nacional y que data del siglo XII, consta de tres naves y de un portalón protegido por un atrio. Es notable su pica bautismal, románica, con relieves y su Cristo en Majestad, de la cual se muestra una reproducción mientras que el original se guarda en el Museo Diocesano de Girona.

 

También es de la misma época el puente medieval que une el núcleo antiguo de Sant Joan con la iglesia parroquial y la zona de Castanyer. Construido con piedra volcánica, consta de un arco grande y dos arcos laterales sobre els río Fluvià. A pocos metros del puente se levanta el edificio románico civil más antiguo de Cataluña. Es el Castillo o Estada Juvinyà, una casa señorial fortificada que en 1972 fue declarada Monumento de Interés Nacional. Después de la profunda remodelación a que fue sometida, el castillo o Estada Juvinyà, es ahora es el Centro de Interpretación del Territorio de Sant Joan les Fonts.

 

En Santa Pau, el núcleo antiguo entero requiere una atención especial. El recinto histórico del municipio está presidido por el castillo de la Baronía, que ya está documentado a mediados del siglo XIII. De planta cuadrangular, el palacio está integrado por un patio central que ordena las dependencias a su alrededor y que es fruto de un proceso constructivo que se extiende desde mediados del siglo XIII hasta el XV. En la vertiente sur del castillo se edificó un espacio más o menos triangular que dio lugar a la plaza Mayor, conocida antiguamente como Firal dels Bous, ya que era el punto de encuentro en días de feria y mercado. Este sector de Santa Pau, que ya estaba prácticamente consolidado en las primeras décadas del siglo XIV, configura una de las plazas medievales mejor conservadas de Cataluña.

 

©Turisme Garrotxa

©Turisme Garrotxa

 

Besalú es la tercera parada de esta ruta medieval. El conjunto histórico es uno de los más bien conservados de Cataluña con edificios religiosos y civiles de gran interés, como la iglesia del monasterio de Sant Pere. Fundada el año 977 y consagrada el 1003, mantiene un ventanal muy singular en su fachada; dos leones, símbolo de la fuerza y el poder de protección que ofrecía la iglesia, están encima de un simio y de un hombre desnudo, representación del mal y el paganismo.

 

©Turisme Garrotxa

©Turisme Garrotxa

 

En la plaza de la Iglesia de Sant Pere encontraréis la Casa Cornellà, considerada uno de los edificios románicos-civiles mejor conservados de Cataluña. El Hospital de Sant Julià, que conserva una fachada exterior del siglo XII, la iglesia románica de Sant Vicenç, con algún elemento de transición al gótico, el edificio de la Cúria Real y la Colegiata de Santa María, son otros ejemplos del enorme patrimonio de Besalú al cual da acceso al Pont Vell, fundado el siglo XI y reconstruido a lo largo del tiempo. De 105 metros de largo y 30 de alto, el puente de Besalú es el símbolo de la ciudad y la entrada principal al núcleo antiguo.

 

No podéis iros de Besalú sin visitar el mikwa y la sinagoga. Descubierto el año 1964, es el primer y único edificio de estas características encontrado en la Península Ibérica y el tercero de los diez que existen actualmente en toda Europa. Las excavaciones arqueológicas que continuamente se realizan en Besalú no hacen más que ampliar la larga lista de puntos de interés del municipio.

 

El románico de La Garrotxa

En la Garrotxa se halla una muestra excepcional del legado arquitectónico de la Edad Media. La Cúria Real, antiguo Palacio de Justicia sede de la Veguería y Corte Real; el antiguo Monasterio de Sant Pere, uno de los templos del románico catalán más característico del país; Sant Vicenç, ejemplo de la harmonía de la construcción y de la rusticidad del románico; y el Puente Viejo, fortificado y angulado, son algunas de las edificaciones románicas más importantes de Besalú.

 

Santa Pau es el otro núcleo urbano de la época medieval de la Garrotxa. El castillo, que no es visitable, preside el pueblo, perfectamente delimitado y cerrado por una antigua muralla. De perímetro desigual y casi totalmente porticada, la plaza de Santa Pau, presidida por la iglesia de Santa María, es de visita obligada. Las callejuelas estrechas y empinadas, los ventanales, portales y arcadas son el auténtico atractivo de Santa Pau.

 

Los monasterios más destacados de la Garrotxa son el de Sant Pere de Besalú, el de Sant Llorenç de Sous, el de Riudaura, el de Sant Ferriol y el de Sant Joan les Fonts, pueblo que cuenta con el Castillo Medieval Estada Juvinyà, edificio románico civil que alberga un Centro de Interpretación del Territorio.

 

©Turisme Garrotxa

©Turisme Garrotxa

 

En la Garrotxa se concentran un gran número de iglesias románicas, especialmente en la Alta Garrotxa y en el sector de Besalú. Sant Joan de Balbs, situada en la Pinya, es una filigrana; la de Santa Bárbara de Pruneres conserva una lápida sepulcral espléndida; la de Santa María de Escales está colgada de un risco; la de Sant Martí de Toralles; la de Sant Miquel del Corb, rodeada de bosque; la de Sant Andreu de Socarrats; la de Santa Eulàlia de Begudà y finalmente, la basílica del Santo Sepulcro de Palera. Desgraciadamente, los terremotos de 1427 y 1433 afectaron muy severamente la zona de Olot, destruyendo muchas edificaciones.

 

Beget es la joya arquitectónica de la Garrotxa. La iglesia de Sant Cristófol es un ejemplar purísimo del románico, de las más interesantes de Catalunya. A diferencia de otros templos conserva como antes su patrimonio que consta de una Majestad románica, un retablo gótico, una interesante pila bautismal y diversos altares barrocos.

 

Visitar la Garrotxa es tomar contacto con este arte tan antiguo como interesante, que recuerda la época del más austero cristianismo. Uno de los hechos más destacados de la historia de la Garrotxa lo protagonizó Francesc de Verntallat, quien lideró el levantamiento de los remensas, o sea, del campesinado, contra los señores feudales. Los remensas eran agricultores que no podían abandonar la tierra. No se podían liberar del control del señor ni dejar de estar sometidos a los malos usos que éste imponía (unas costumbres feudales abusivas que desencadenaron la Guerra de los remensas entre 1460 y 1486) sin antes pagar una cantidad fijada por el señor, bajo pena de duras sanciones. Verntallat llevó el peso de la lucha, de la que salió vencedor al obtener, por la sentencia arbitral de Guadalupe, la abolición de la remensa, de los malos usos y de las injusticias. Francesc de Verntallat era originario de la Vall d’en Bas, y tanto este valle como el de Hostoles fueron los principales escenarios de las revueltas de los campesinos en contra de los malos usos. En estos valles todavía se conservan algunos de los testimonios de aquella época, como el castillo de Hostoles o el castillo de Puig-alder, que pueden ser visitados a través de diversos itinerarios.

 

La principal pieza escultórica del Arte Medieval es un Cristo en Majestad, procedente del Monasterio de Sant Joan les Fonts. En este monasterio podremos ver -tras concertar la visita contactando con la Oficina de Turismo- una reproducción de esta obra, ya que la pieza original se conserva en el Museo Diocesano de Girona.