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Turbulencias Colección ”la Caixa” de Arte Contemporáneo | Una mirada crítica al mundo que nos rodea con el arte más contemporáneo

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La exposición Turbulencias Colección ”la Caixa” de Arte Contemporáneo, organizada y producida por la Obra Social ”la Caixa”, se enmarca en la voluntad histórica de la entidad de contribuir a incrementar la capacidad de generar conocimiento y sensibilidad hacia el arte más actual. Dar a conocer la creación contemporánea rompiendo las barreras que a menudo la separan del público es uno de los objetivos de la Obra Social ”la Caixa” en el ámbito cultural.

 

Equipo Crónica . Rafael Solbes (Valencia, 1940-1981) y Manolo Valdés (Valencia, 1942) Aquelarre, 1969 . Acrílico sobre masonita, 69 x 69 cm

Equipo Crónica . Rafael Solbes (Valencia, 1940-1981) y Manolo Valdés (Valencia, 1942) Aquelarre, 1969 . Acrílico sobre masonita, 69 x 69 cm

 

La herramienta para poder hacerlo es la Colección “la Caixa” de Arte Contemporáneo. Formada actualmente por más de un millar de obras, en sus fondos hay trabajos de los artistas más importantes de los últimos treinta años. En este tiempo, la Fundación Bancaria “la Caixa” ha reunido un fondo de arte internacional que trata de promover la crítica y el debate, y que pretende provocar una reflexión más activa acerca del mundo que hemos construido y en el que convivimos.

 

La Colección es hoy un punto de referencia artístico, tal y como lo demuestra tanto el préstamo constante de algunas de sus obras para ser exhibidas en todo el mundo como la organización de numerosas exposiciones en los centros CaixaForum y muestras itinerantes en España, Europa y el resto del mundo.

 

La nueva exposición Turbulencias incide en una de las líneas más definitorias y diferenciadoras de la Colección “la Caixa” en el entorno del compromiso social del arte. Los artistas seleccionados proceden de lugares, generaciones, experiencias y maneras de hacer muy dispares, pero coinciden en su conciencia crítica hacia el mundo que nos rodea.

 

La nueva exposición Turbulencias incide en una de las líneas más definitorias y diferenciadoras de la Colección "la Caixa" en el entorno del compromiso social del arte. Los artistas seleccionados proceden de lugares, generaciones, experiencias y maneras de hacer muy dispares, pero coinciden en su conciencia crítica hacia el mundo que nos rodea

La nueva exposición Turbulencias incide en una de las líneas más definitorias y diferenciadoras de la Colección “la Caixa” en el entorno del compromiso social del arte. Los artistas seleccionados proceden de lugares, generaciones, experiencias y maneras de hacer muy dispares, pero coinciden en su conciencia crítica hacia el mundo que nos rodea

 

Aunque Turbulencias reúne obras de los últimos cincuenta años, la muestra quiere hacer hincapié en trabajos recientes o que nunca se habían exhibido en Barcelona, junto a otras obras antiguas y bien conocidas — Equipo Crónica, Anselm Kiefer— que, en el contexto de la muestra, dan pie a nuevas interpretaciones.

 

Incluye un total de veinte obras, con instalaciones de gran tamaño, como Mother’s Day de Smadar Dreyfus, que ocupa un espacio central en la sala y se expone por primera vez tras su adquisición para la Colección “la Caixa”. A su lado, se presentan las obras de cuatro artistas también por primera vez: Dionís Escorsa, Harun Farocki, Ana Garcia-Pineda y Antoni Muntadas. Las acompañan otros trabajos de la Colección que tampoco se habían expuesto antes en Barcelona. Es el caso de las obras de José Damasceno, Paulo Nazareth o Walid Raad. La muestra finaliza con la única obra que no pertenece a la Colección, el vídeo The Raft, de Bill Viola (que tampoco se ha expuesto nunca en la ciudad), una poderosa y actual «imagen de destrucción y supervivencia» —según palabras del propio artista— pero que también transmite un mensaje final de solidaridad en los momentos más críticos.

 

Junto con estas obras que hasta ahora no se habían exhibido en Barcelona, a Turbulencias se han añadido algunos trabajos anteriores, ya conocidos, pero que, a la vista del momento actual y en concomitancia con las incorporaciones más recientes, permiten ser reinterpretados desde una nueva perspectiva. Efectivamente, el contexto de esta exposición, que muestra la mirada comprometida del arte sobre el mundo actual, va más allá de los significados originales de estas obras.  

 

La exposición, comisariada por Nimfa Bisbe, se pudo ver el año pasado en Lisboa en el marco del programa Lisboa, Capital Iberoamericana de Cultura 2017, pero lo hace con una selección de obras renovada y especialmente elegida para ser exhibida únicamente a CaixaForum Barcelona.

 

Obras de arte que actúan como detonantes

Muchos artistas se han preguntado, y a estas alturas aún lo hacen, de qué es capaz el arte. Para ello, dan forma a sus observaciones, intereses y especulaciones con una gran capacidad de producir algún tipo de conciencia crítica. Se desprenden de los prejuicios y trascienden los límites tradicionales del arte con el fin de adentrarse en la realidad social y cultural y ofrecer puntos de vista que resultan provocadores o, cuando menos, sorprendentes. No pueden cambiar lo que les desagrada de nuestro mundo, pero sus obras sí pueden actuar como detonantes capaces de abrirnos los ojos, como una turbulencia.

 

Bill Viola (Nueva York, 1951). The Raft, mayo de 2004. Videoproyección: color, HD. 10 min 33 s. Colección del artista

Bill Viola (Nueva York, 1951). The Raft, mayo de 2004. Videoproyección: color, HD. 10 min 33 s. Colección del artista

 

El desarrollo crítico de la representación de la realidad por parte del arte en las últimas décadas ha llevado, por ejemplo, a cuestionar la iconografía tradicional bélica y a especular sobre la visualización de la violencia (Walid Raad). Sin embargo, el «juego de la guerra» se encuentra en los orígenes de nuestra cultura visual y su formalización experimenta una evolución infinita. Si el ajedrez es la abstracción máxima del enfrentamiento y del control del terreno (José Damasceno), las nuevas tecnologías han transformado la guerra en realidad virtual. Los programas de animación y los videojuegos utilizados para entrenar a las tropas o como tratamiento terapéutico de los soldados han convertido la terrible violencia de una batalla en imágenes de ficción. Los combates simulados por ordenador reducen la angustia y la ansiedad que produce cualquier tipo de destrucción, hasta llegar a la indiferencia (Harun Farocki). Precisamente, en un texto sobre la obra de Farocki, el ensayista francés Georges Didi-Huberman se preguntaba: «¿Por qué, de qué modo y cómo es que la producción de imágenes participa en la destrucción de los seres humanos?».

 

En medio de la reverberación de estas imágenes, se alza la instalación Mother’s Day, que concentra el impacto emocional en el sonido de la voz. Creada como un ambiente sonoro, la imagen actúa como pausas de silencio, y la oscuridad ejerce de aislante para unas palabras que expresan el conflicto de una separación impuesta. Estas voces son las de una población que vive dividida por una frontera, con una identidad despreciada y una nacionalidad no reconocida. La artista Smadar Dreyfus no comenta el conflicto, intenta que la realidad de esta comunidad penetre en el interior de la conciencia del espectador a través de la intimidad de la escucha. En otra pantalla, otra artista (Ana Garcia-Pineda) nos habla de la vida de las palabras. Las suyas dibujan la memoria de un exilio forzado y crean un relato biográfico que forma parte de nuestra historia colectiva.  

 

Los artistas son testigos de su tiempo y la historia del arte es, también, la de sus observaciones y disidencias ante aspectos diversos de nuestro mundo. Hay artistas que advierten con ironía acerca de la vulnerabilidad de la economía global actual (Damián Ortega), que señalan el desgaste de los ideales nacionalistas (Paulo Nazareth) o que dibujan el sufrimiento y la soledad en las ciudades (Guillermo Kuitca). En otro caso, y ante la necesidad de un cambio social y político urgente, uno de los artistas presenta una propuesta con un objetivo que, a pesar de querer provocar una posición reflexiva y crítica, podría, incluso, llegar a ofrecer soluciones (Antoni Muntadas). A pesar de las sombras que proyectan estas obras, los artistas muestran una mirada fraternal cuando revelan la fragilidad que se esconde detrás de la marginación (Juan Ugalde), cuando apuntan la solidaridad que permite superar las turbulencias de nuestro mundo (Bill Viola) o, incluso, cuando revelan el poder redentor de la metáfora artística (Anselm Kiefer).

 

José Damasceno (Rio de Janeiro, 1968) Primeiro motin [El primer motín], 1998-2008. Fusta (2304 peces d’escacs) Instal·lació: 360 x 600 cm

José Damasceno (Rio de Janeiro, 1968) Primeiro motin [El primer motín], 1998-2008. Fusta (2304 peces d’escacs) Instal·lació: 360 x 600 cm

 

La exposición también incluye una revisión y mirada irónica a obras maestras. Es el caso, por ejemplo, de Equipo Crónica y de la revisitación del Guernica —con motivo de los intentos de recuperación del emblemático cuadro de Picasso por parte del Gobierno de Franco—, que renueva la vigencia de aquellas imágenes sobre la intolerancia y la brutalidad humanas en el entorno social actual. Hoy en día, los artistas siguen reciclando y dando nuevos significados a obras sobre los desastres de la guerra que han sido inmortalizadas por la historia (Thomas Hirschhorn). Y a la vez crean otras nuevas, inscritas en la memoria, tanto sobre las huellas o cicatrices de sitios devastados por la violencia armada (Sophie Ristelhueber), como sobre las estructuras de poder que, tras la derrota en una batalla, quedan abandonadas y se convierten en tierra de nadie (Nir Evron). Algunos autores se introducen en estas historias revelando imágenes de experiencias traumáticas y, mediante la combinación de lo real con lo onírico, hacen revivir las escenas que se esconden en lo más profundo de la memoria colectiva (Dionís Escorsa).

 

Organización y producción: Obra Social ”la Caixa”.

Comisariado: Nimfa Bisbe, jefa de las colecciones de arte de ”la Caixa”.

Fechas: del 20 de julio al 21 de octubre de 2018.

Lugar: CaixaForum Barcelona (av. de Francesc Ferrer i Guardia, 6-8)