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Celler Bernaví y Nou Moderno | Descubrir la DO de la Terra Alta

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Íberos, romanos, sarracenos, templarios, hospitalarios, aragoneses, catalanes, románicos, góticos, renacentistas, barrocos, modernistas, carlistas, nacionales, republicanos… Las huellas de los hombres y sus obras permanecen en la Terra Alta.

 

La historia ha dejado en toda la comarca multitud de elementos que van desde la época de los íberos hasta nuestros días y nos muestran el esplendor que en tiempos pasados lograron estos lugares. La comarca fue duramente castigada durante las guerras carlistas, aunque la huella más fuerte la deja la Batalla del Ebro. Durante 5 interminables meses, los campos y montañas de la comarca se convirtieron en un triste escenario de una de las batallas más crueles de la Guerra Civil española.

 

Terra Alta y su patrimonio

La historia ha dejado multitud de elementos que van desde la época de los íberos hasta nuestros días y nos muestran el esplendor que en tiempos pasados lograron estos lugares. Los poblados ibéricos de Batea, Caseres y Gandesa son la primera huella que la historia ha dejado en la comarca. Repoblada por los templarios tras la expulsión de los sarracenos, aún hoy son evidentes los restos de torres y castillos que se levantaron majestuosamente para defender el territorio. Como muestra, podemos contemplar los restos del castillo de Algars en el municipio de Batea, y la torre del prior en Horta de Sant Joan.

 

Convento de la Virgen de los Ángeles.

Convento de la Virgen de los Ángeles.

 

La arquitectura religiosa se presenta en todos los municipios con imponentes edificios románicos y góticos que sorprenden gratamente a los visitantes. Destacan la iglesia de Sant Miquel (Batea) construida durante el siglo XVIII de estilo barroco neo-clásico; la iglesia Parroquial de Sant Andreu (La Fatarella) iniciada en el siglo XVII, donde el interior es de estilo renacentista con elementos del gótico y la fachada de estilo barroco del siglo XVIII; la iglesia Arxipestral de l’Assumció (Gandesa), construida durante el primer cuarto del siglo XIII, de estilo románico en la parte del ábside con ampliaciones hechas en el siglo XVII y la iglesia Parroquial de Sant Llorenç (Vilalba dels Arcs), edificio que combina elementos de diferentes estilos, góticos, renacentistas y barrocos donde destaca el esbelto campanario barroco de 40 metros de altura. También cabe destacar el Convento de la Virgen de los Ángeles, o de San Salvador en Horta constituido por un grupo de edificios de cronologías diversas (XIII-XVII) dispuestos alrededor de un claustro renacentista.

 

De la arquitectura civil sobresalen los antiguos palacios renacentistas de Arnes y Horta de Sant Joan y casas señoriales como la Casa de la Comanda situada en Horta. Cabe destacar también las bodegas cooperativas modernistas de Cèsar Martinell situadas en Gandesa y Pinell de Brai conocidas como catedrales del vino.

 

Tierra de vinos con DO propia

La altitud de la Terra Alta, situada a unos 350 metros sobre el nivel del mar, el clima mediterráneo con tendencia continental, las escasas lluvias y la fuerte insolación hacen que en la comarca se obtengan vinos potentes, viriles y de considerable estructura. La producción de las doce poblaciones de la comarca está amparada por la denominación de origen Terra Alta.

 

Entre los vinos de la DO Terra Alta, destacan los de garnacha blanca, una variedad que define mucho la fisonomía enológica de la Terra Alta, ya que un tercio de la producción mundial de esta uva procede de los viñedos terraltinos. Para distinguir estos vinos, el Consejo Regulador de la DO ha creado el sello “Un Terra Alta Garnatxa Blanca 100×100”, reservado a las botellas de más calidad elaboradas exclusivamente con esta variedad. Los “Terra Alta Garnatxa blanca” se distinguen por su color amarillo, con matices que oscilan del pálido hasta los dorados, una nariz sutil y sobre todo por la alta intensidad de sabores en boca. Un color y un sabor que, alejados de los estereotipos, no renuncian a la autenticidad que le confiere su origen mediterráneo.

 

Los “Terra Alta”, unos vinos con garantía de origen y calidad certificada

Los egipcios fueron pioneros en atribuir la calidad de un vino a su origen. Casi 4000 años después, a mediados del siglo XX, el Arreglo de Lisboa (1958) definió la denominación de origen como el nombre geográfico que se utiliza para designar un producto, la calidad del cual se debe en exclusiva o fundamentalmente al territorio que conforma una región determinada. La procedencia geográfica es, sin duda alguna, uno de los atributos más importantes que se consideran a la hora de escoger un vino.

 

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En Europa, el vino es el producto pionero en materia de denominaciones de origen protegidas (DOP). El vínculo existente entre el producto y el territorio se explica a través del terruño (situación geográfica, geomorfología y climatología); las viñas y las variedades de uva; la cultura (historia, tradición y saber hacer) y los tipos de vinos que gozan de este reconocimiento. En todos los lugares del mundo, donde el conreo de la viña es posible, son tan enormes las posibilidades de interacción de todos los elementos que caracterizan estos aspectos que es prácticamente imposible encontrar dos vinos finos iguales.

 

DO Terra Alta, el alma de la garnacha blanca

La DO Terra Alta fue reconocida provisionalmente el año 1972. Juntamente con Alella, Conca de Barberà, Empordà, Penedès, Priorat y Tarragona, es una de las siete denominaciones de origen históricas de Cataluña. La tradición en la producción desde tiempos inmemoriales, unos municipios con vida e identidad vitivinícola propia, el patrimonio familiar de viñas y bodegas –muchas veces asociado al cooperativismo, la pasión, la humildad y el esfuerzo en el trabajo- son las características más destacables de las costumbres que las mujeres y los hombres intentan expresar a través de los vinos Terra Alta.

 

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Posiblemente y a pesar de la importancia y la calidad de los vinos tintos, el testimonio más evidente de esta cultura se debe buscar en el vino blanco. Durante la primera mitad del siglo XIX, el célebre escritor Joan Perucho, e incluso Pablo Picasso, sabían que los vinos de la Terra Alta se distinguían entre vírgenes o brisados (estos últimos obtenidos por la fermentación de uva blanca, entera y pisada), ambos blancos. Y según palabras de Jaume Ciurana, estos vinos sobrevinieron “proverbiales” y memorables, la mayoría, en el imaginario catalán.

 

Recientemente, a mediados de los 90, la profesionalización del sector vitivinícola y la incorporación progresiva de la excelencia en esta cultura están haciendo de la DO Terra Alta un distintivo en constante evolución y refinamiento. Una marca de referencia para quien busque complacerse en la cultura del vino sin renunciar al sabor y al espíritu.

 

Una viticultura sostenible y con identidad propia

La viña está presente en las unidades de paisaje de la Plana, del Altiplano y de los Valles. Se concentra, especialmente, en el tercio central de la zona de producción, entre 350 y 550 metros de altitud. La terraza es la unidad de conreo más común y es consecuencia de la interacción del conreo con la variada orografía que presenta el terreno, que se dispone en distintas pendientes y orientaciones, normalmente, entre paredes de piedra en seco –los márgenes o ribazos con cobertura vegetal-, contribuyendo ambos en evitar las pérdidas de suelo de conreo por erosión. Los emplazamientos de terrazas más tradicionales son los llanos y los costeros, diferenciados por pendientes inferiores o superiores al 10%, respectivamente. El resto de las viñas se encuentran en terrazas abancaladas, los bancales, y en los fondos de los valles, prácticamente sin pendiente y, por tanto, con mayor aprovechamiento hídrico.

 

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El predominio de las variedades de uva tradicionales es la otra característica relevante de la viticultura en la DO Terra Alta y es a través de las garnachas en el punto que se hace evidente este hecho. La Garnacha blanca, la Garnaxha negra y la Garnaxha peluda son las variedades de uva predominantes. Juntamente con el Macabeo, la Parellada y el Samsó suman tres cuartas partes de la superficie de conreo. En respeto al resto de variedades de uva clasificadas en la DO Terra Alta, en carácter general, las características del terruño hacen que sean de época de maduración mediana y tardía las que permiten desarrollar la viticultura característica de la zona de producción.

 

Fruto de estas interacciones con el terruño y la cultura vitícola, en la mayoría de las cosechas, la práctica de la viticultura en la DO Terra Alta es amiga del entorno y la vendimia se caracteriza por presentar un estado fitosanitario óptimo, una uva madura y un gran valor enológico para la elaboración de los vinos protegidos.

 

La exclusividad de los “Terra Alta Garnacha blanca”, un nivel superior de singularidad y calidad

El distintivo de garantía específico “Terra Alta Garnacha blanca” está reservado para los vinos blancos elaborados exclusivamente con la variedad de uva Garnacha blanca y con una calificación mínima de “Muy bueno”. Con este sello el Consejo Regulador reconoce un nivel superior de singularidad y calidad, exigiendo así la excelencia vitivinícola de la DO “Terra Alta” y ofreciendo un producto exclusivo.

 

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Los vinos que lucen este sello están sujetos a los mismos procedimientos de control de la calidad y trazabilidad y de certificación que los “Terra Alta. Además de garantizar la composición monovarietal (100% Garnacha blanca), los vinos deben acreditar una calidad sensorial equivalente como mínimo de 80/100 puntos. Así pues, y por lo que al etiquetaje se refiere, es obligatoria la designación de la variedad, la cosecha y, por supuesto, el distintivo de garantía específico que expide el Consejo Regulador.

 

Los “Terra Alta Garnacha blanca” se distinguen por su color amarillo, con matices que van des pálidos hasta dorados, una nariz sutil y sobretodo por la alta intensidad de sabores en boca. Un color y un sabor que, alejado de los estereotipos, no renuncian a la autenticidad que le confiere su origen mediterráneo.

 

Una escapada perfecta en Vilalba dels Arcs

Vilalba dels Arcs se encuentra en un territorio muy accidentado, ya que está surcado por los barrancos que llevan las aguas al Ebro. Podemos disfrutar de una imagen elegante y hierática de la población de Vilalba dels Arcs, desde el camino del Calvario, con las antiguas murallas y la puerta de entrada a la población en primer término. El casco antiguo de la villa tiene forma redondeada y sus calles, estrechas y empinadas, conservan un aire antiguo muy común en los pueblos de la comarca.

 

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En la actualidad sólo se conservan los porches de la plaza de la Vila, pero antiguamente existían también los de la calle Mayor. Hay interesantes muestras de arquitectura popular, como Casa Martell y Casa Coll. Es importante contemplar la iglesia de San Lorenzo, construida en el siglo XVI y con una mezcla de estilos. Destaca la fachada principal y el esbelto campanario de 40 m de altura. También es interesante la capilla de la Virgen de Gracia, que fue la iglesia primitiva construida en tiempo de los templarios.

 

Los amantes del enoturismo no deben dejar de visitar el Celler Bernaví, una bodega familiar y artesana. Los viñedos y la bodega de producción están situados en la finca Mas Vernet a lo largo del camino de Berrús. La vendimia es manual en cajas y las uvas se procesan de inmediato. Fermentan en tinas de inox para así respetar la fragancia y la esencia de cada variedad, con un estricto control de las temperaturas. En su “bottaia” trabajan con barriles de gran volumen donde los vinos reposan, evolucionan, pero mantienen su personalidad. Los Bernavins de este modo se expresan de forma pura y personal.

 

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Bernaví escogió Mas Vernet porqué aquí encontraron las peculiaridades y las potencialidades de la Terra Alta. Está situado en una zona pre litoral donde el clima mediterráneo se encuentra con el continental del interior de España: las excursiones térmicas entre día y noche favorecen una excelente maduración; las escasas precipitaciones y los vientos dominantes de Garbí y Cerç permiten practicar una viticultura plenamente respetuosa con el medio ambiente; los suelos de “Panal” (conformaciones arcillo-limosas de origen cuaternaria) ricos en cal y yeso son el hogar de las viñas que trabajan en condiciones a veces tan extremas como fascinantes.

 

La viticultura respeta el equilibrio del ecosistema viñedo con una atenta gestión de la cubierta vegetal que da vida al terreno, con marcos de plantación reducidos, con un control del equilibrio vegeto-productivo de cada planta, con una gestión fitosanitaria integrada.

 

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El Celler Bernaví elabora vinos de terruño y lo hacen en el viñedo: por este motivo buscan sinergias entre plantas, suelo, clima y la mano del hombre. Ofrecen vinos que hablan de la tierra, de las añadas y del trabajo: por esto en la bodega respetan el fruto y controlan el proceso natural de la vinificación, ofreciendo vinos auténticos.

 

Pequeña Suite en cinco movimientos

Bernaví presenta cinco vinos con etiquetas creadas especialmente por el artista Javier Comas en una colección numerada con la reproducción litográfica de las etiquetas y del cuento del Celler.

 

Cuento del Celler BERNAVÍ

“Ha nevado, todo se confunde, los campos, las viñas el cielo, debajo del manto blanco, las raíces protegidas por la tierra esperan la nieve líquida que ha traído la primavera; y cuando llega la primavera los colores, los campos, las viñas, todo renace, poco a poco el cielo se torna rojo en los ocasos de verano; al atardecer, Saturno, Marte y Spica, dos planetas y una estrella, anuncian la noche mientras el sol devora la humedad de la tierra; el hombre vigila el territorio esperando que llegue le otoño que todo lo tiñe de oro, los campos, las viñas, las uvas. Las manos expertas que han cuidado estas tierras nos ofrecen el vino que de ellas hemos obtenido. ¡Cuidado, llega el invierno, ha nevado!”

Javier Comas

 

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Para que una escapada sea perfecta es muy importante el alojamiento y la gastronomía, y nuestra recomendación es el hotel-restaurante Nou Moderno. Este establecimiento es heredero de la larga tradición del Bar-Restaurante Moderno, situado también en Vilalba dels Arcs  y el Nou Moderno nace con la vocación de abrir el tarro de las esencias de la Terra Alta a todos sus visitantes.

 

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Hace tres generaciones que se dedican a hospedar y dar acogida a los que quieren disfrutar de los productos y del entorno de esta tierra seca, pero también agradecida, como su gente. Disponen de diez habitaciones dobles y una individual, totalmente equipadas con baño, aire acondicionado, televisión, wi-fi, ascensor, restaurante y parking.

 

El Nou Moderno es el hermano pequeño del Bar Moderno, local inaugurado por los abuelos Jepó y Roseta, hace ya casi 50 años. La Rosa, la nieta de la Roseta, junto con Teresa, su madre, son las cocineras de nuestra casa.

 

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Teresa aporta la experiencia y la sabiduría en la elaboración de los platos clásicos de la Terra Alta, cómo la truita en suc, la clotxa o el fricancó de ternera, receta original de la abuela Rosa. La Rosa da un toque de innovación a la carta, con revisiones actualizadas de platos elaborados con productos autóctonos, cocina con toques de fusión y menús de degustación maridados con vinos de la Terra Alta. Platos divertidos ya la vez honestos y respetuosos con el producto y el medio en que se ha cultivado.

 

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El vino, elemento esencial de la cultura y del desarrollo socioeconómico de la comarca, también es un producto estrella en el Nou Moderno. El aceite elaborado con su variedad “empeltre”, proveniente de olivos centenarios, junto con nuevas referencias de arbequina, es un elemento socio-gastronómico capital en la zona. Podréis probarlo y apreciarlo con toda su autenticidad y sus virtudes organolépticas.

 

B3El Celler Bernaví y el Nou Moderno nos proponen una escapada perfecta para los amantes del enoturismo. Para descubrir y aprender cómo funciona el Celler Bernaví, tras una bienvenida empezaremos la visita guiada por Marco, Gino y Ruth a los viñedos y la bodega. Durante la visita se realizará alguna actividad de campo para enseñar en qué fase se encuentra y cuáles son los trabajos que realizan desde la bodega y así poder vivir el ciclo de producción. Tras la visita empezará la cata comentada de sus vinos.

 

Una vez finalizada la cata, nos trasladaremos al restaurante-hotel Nou Moderno para instalarnos en las habitaciones. A la hora de la cena disfrutaremos de una cena armonizada con los vinos del Celler Bernaví y la chef Maria Rosa y el sumiller Josep Maria serán los anfitriones.

 

El Nou Moderno es un lugar de reposo y de calma, así como un punto de partida de múltiples actividades que se pueden desarrollar en el entorno casi virgen que nos rodea.  Al día siguiente, tras desayunar los clientes recibirán diferentes informaciones e indicaciones para poder aprovechar el día en la Terra Alta antes de volver a casa o seguir su viaje.

 

Las reservas se pueden realizar a través de teléfono o por mail:

Celler Bernaví: 651 031 835 / info@bernavi.com

Nou Moderno: 977 438 204 / info@noumoderno.com

 

Siguiendo los pasos de Picasso

En los parajes de Els Ports, “el alma inquieta” del joven pintor Pablo Ruiz Picasso, encontró la “fuente de inspiración”. Picasso hizo estancia en Horta de Sant Joan en dos ocasiones: la primera, durante ocho meses de 1898 y 1899, acudió con Manuel Pallarés para reponerse de la escarlatina; la segunda, en 1909, junto con Fernande Olivier, este pasó un verano entero dedicado en cuerpo y alma a la creación artística.

 

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El paisaje y el ambiente de Horta del final del XIX y principios del XX marcaron el espíritu creativo de Picasso. Si en este país fantástico Perucho descubrió “el sentido y la significación oculta de la existencia del mundo”; el célebre pintor experimentó sus “emociones más puras”, tal como confesó en una carta enviada al escritor surrealista Guillaume Apollinaire. Todo ello llevó al malagueño a afirmar que “todo lo que sé lo he aprendido en Horta”.

 

La Horta de Picasso se puede contemplar en las salas del antiguo hospital de la población, sede del Centro Picasso de Horta, donde se muestran reproducciones fieles de las casi 200 obras que creó en la población y otros facsímiles de cuadros pintados en París y Nueva York, pero inspirados en Horta.

 

Gastronomía

La cocina de la Terra Alta es una cocina de raíces y de tradición, pero también de adaptación a los nuevos tiempos y que quiere, desde el respeto absoluto a los ancestros, proyectar una imagen de absoluta contemporaneidad. La despensa se llena cada temporada con verduras, hortalizas, setas y frutas que cultivan con esmero y que varían según la estacionalidad y el momento óptimo para cosechar y consumir cada uno de estos productos. Se cocina cerdo, cordero, conejo y aves de corral que siempre han formado parte del día a día y los momentos señalados del recetario de los agricultores y que, productores y pastores, continúan pastando con el mismo cuidado desde hace siglos.

 

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No debemos olvidar la importancia que determinados productos típicamente costeros y de mar han tenido en nuestro recetario. Así, los “ganyims” (una parte muy sabrosa del atún), el bacalao y las sardinas de casco forman parte inseparable de la memoria gastronómica y de sus creaciones más genuinas. Estamos hablando de la clotxa, un plato rústico y a la vez tan actual que podría considerarse el kebab de las Tierras del Ebro. Endulzan las comidas con las pastas y repostería hechas con los ingredientes más naturales y entre los que destacan los frutos secos, procedentes de explotaciones familiares de secano y cultivadas con el máximo respeto por el entorno.

 

El Modernismo en la Terra Alta

Nos situamos a finales del siglo XIX, cuando la plaga de la filoxera asolaba las primeras viñas de la zona y arruinaba un sector económico fundamental: la producción de vino. Ante los estragos de la plaga había que unir fuerzas para poder remontar la situación creada, sanear los viñedos y modernizar el sector. A raíz de esto, nació el cooperativismo. Se encomendaron las construcciones de las catedrales del vino modernistas de El Pinell de Brai (1918) y Gandesa (1919) al arquitecto vallense Cèsar Martinell, discípulo de Gaudí. De las muchas construcciones agrarias diseñadas por Martinell, las del Pinell y Gandesa son las más representativas.

 

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Se trata de dos edificios singulares, con una estética y unas características que destacan por encima del resto de edificaciones existentes en ambas poblaciones, y que han sido objeto de restauraciones recientes. La utilización del ladrillo visto o la existencia de imponentes arcos de inspiración gaudiniana para sostener la estructura, hacen de estos edificios unos auténticos templos en honor a Dionisio y Baco. Estas joyas de la arquitectura modernista agraria son el elemento más visible de una comarca de gran tradición vitivinícola.

 

Cultura, fiestas y tradiciones

En primavera, la procesión a la ermita; en verano, calor y fiesta mayor; en otoño, la vendimia; en invierno, llega el aceite; por San Antonio se bendicen los animales y de nuevo llega la primavera. En la Terra Alta se continúa celebrando el eterno ciclo de la tierra. La Terra Alta mantiene vivo un amplio y variado abanico de manifestaciones populares que la configuran como un lugar con un patrimonio lleno de tradiciones venerables. Se conservan un gran número de ermitas situadas en parajes singulares. Durante la primavera se convierten en lugares de peregrinación y romería, acogiendo fiestas llenas de emociones donde no falta el jolgorio y la hermandad.

 

Las manifestaciones culturales son muy vivas y constatables en la Terra Alta. Grupos de teatro, grupos de jota, bandas de música, “grallers”, “geganters”… impregnan la comarca de un ambiente cultural que enriquece la convivencia y favorece la acogida de la gente.